martes, 26 de mayo de 2009

Viva el pueblo argentino, libre, soberano y solidario

Algunos se sienten más argentinos que otros, un escalón más arriba. Como el patrón desde su oficina, en el primer piso, imaginan el crecimiento de su empresa con las manos en los bolsillos, nuevas ganancias, mientras miran el rebaño ordenado y laborando. Viajan y consumen, compran y disfrutan los tiempos globalizados, aunque la tristeza los rodee. Todos los días, levantan muros de ladrillos y de palabras. Son los mentores de la seguridad y del voto calificado. Son los que siempre se vistieron de celeste y blanco para golpear las instituciones y la república. Los militares asesinos de todas las épocas, los golpistas, los caceroleros, los destituyentes autoconvocados, los agrogarcas, los miserables repetidores del discurso opositor, los empleados que vendieron la conciencia, los pusilánimes, los forros opinadores de foros, todos ellos agitan banderas y cantan el himno nacional. Pero no quieren una Argentina para todos.

Los simbolos son máquinas transformadoras de energía. No debemos regalarles los símbolos. La bandera y la escarapela y los colores también son nuestros. El himno y el gaucho y el mate nos pertenecen. Pero lo más importante es que tenemos razón. La razón de lo colectivo sobre lo individual, de lo solidario sobre lo mezquino.

"Hasta que un día el paisano acabe con este infierno y haciendo suyo el gobierno con solo esta ley se rija: O es Pa' Todos la Cobija o es Pa' Todos el Invierno."

La Argentina es la casa de 40 millones de nosotros. Mientras un chico argentino tenga hambre, No podremos sentirnos felices ni realizados. Mientras la riqueza siga concentrada en pocas manos, el 25 de mayo será una fiesta incompleta. El recuerdo de que algo está faltando.

"...Los argentinos apenas si tendremos para pagarnos la comida de todos los días. Y cuando las industrias se liquiden y comience la desocupación, entonces habrá muchos que no tendrán ni para pagarse esa comida. Será el momento de la crisis deliberada y conscientemente provocada (...) No habrá entonces más remedio que contraer nuevas deudas e hipotecar definitivamente nuestro porvenir. Llegará entonces el momento de afrontar las dificultades mediante la enajenación de nuestros propios bienes, como los ferrocarriles, la flota mercante o las usinas".Arturo Jauretche

Daniel Mancuso

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domingo, 24 de mayo de 2009

El sol del 25 viene asomando ...

Hace 199 años, el 22 de mayo de 1810, estaban invitados al Cabildo Abierto de Buenos Aires, cuatrocientos cincuenta vecinos, de los cuales la mitad eran chetos de Barrio Norte que apoyaban al Virrey, pero D’Elía no los iba a dejar entrar. La banda de French y Berutti, apodada “los Infernales”, custodiaba todas las entradas a la Plaza y dejaba pasar solamente a “los compañeros”.
Saavedra los había llamado a los dos en secreto el día anterior para pedirles que pusieran el hombro movilizando a los muchachos, para que le despejaran la Plaza al día siguiente, porque si entraban los chetos al Cabildo Abierto podían perder la votación pero lo más grave era que podía correr sangre y tenía que evitarlo a toda costa.
Saavedra sabía que Cisneros había sentido una escupida en el ojo cuando se había negado al pedido de reprimir a los revolucionarios en caso de desmanes, y estaba cantado que el tipo había arreglado con los garcas que vinieran a provocar al Cabildo Abierto. Si le ganaban la votación o le tiraban un muerto se pudría todo. Si él se resistía a reprimir, el Virrey lo destituía y se acabó la Revolución. Tan bien que estaba yendo la cosa. No, no lo podía permitir.
“El problema es que los muchachos no conocen a todos los compañeros, los chetos se nos van a colar”, le dijeron French y Berutti a Saavedra. “Fácil”, dijo Saavedra, “pongan a los muchachos a cerrar la entrada de la Plaza y ustedes dos, que vienen a la Jabonería de Vieytes, pueden reconocer a los compañeros. Póngales a los que reconozcan, unas cintas del color de los Borbones en la solapa, así nadie se aviva que están señalando a los nuestros, y díganle a los muchachos que dejen pasar a los que vengan con la cinta.”
French y Berutti se pasaron la noche cortando cintas, y al otro día estaban en la Plaza con los Infernales. Unos giles que habían llegado temprano, se volvían con cara de velorio porque no los dejaron pasar. Se les acercaron para pedirles que les pusieran una cintita a ellos también, pero French y Berutti les contestaron que no tenían más. Los giles se dieron cuenta que algo raro pasaba con las cintas, y corrieron la bolilla por toda la City que la patota impedía el ingreso a la Plaza, cosa que sembró el pánico entre los chetos y ni se acercaron a molestar el magnífico desarrollo de la Semana de Mayo. Al Cabildo Abierto del 22, entraron doscientos cincuenta y uno de los invitados.
“¡Qué buena idea lo de las cintas! ¿cómo se le ocurrió?”, le dijo Castelli al oído a Saavedra, mientras esperaban que empiece la reunión. “Bueno, pensé en las Madres de Plaza de Mayo que inventaron lo del pañuelo para reconocerse entre ellas”, dijo Saavedra. “No hay nada nuevo bajo el sol, Castelli, nada nuevo bajo el sol del veinticinco”, agregó. “¿Qué vieinticinco?”, dijo Castelli. “No sé, me acordé de la letra de una canción”, contestó Saavedra, “Hagamos silencio que ya empieza”...

creado por: La cosa y la causa

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viernes, 22 de mayo de 2009

Copani, tan de barro como siempre

Cacerolas de Teflon


Señor Vicepresidente

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jueves, 21 de mayo de 2009

El aplauso

Por Mario Wainfeld

Fue un aplauso pleno, prolongado, sostenido. Se insinuó varias veces, cada vez que se aludía a Jorge Rivas. Pero cobró toda su fuerza cuando el diputado entró al recinto, cuando prestó juramento, cuando se retiró. De pie, los demás legisladores batían palmas, sus hijos saltaban en la galería, sus compañeros socialistas daban rienda suelta a su emoción. El aplauso se mantenía, para que el homenajeado lo oyera, para hacerle sentir el afecto y la admiración. También porque es un lenguaje común, accesible, más adecuado que la profusión de palabras.

A Eduardo Fellner le tembló un poco la voz cuando pronunció la fórmula, jamás menos convencional. El presidente de la Cámara, de ordinario parco y contenido, besó a Rivas en la mejilla tras el “sí, juro”, dicho en el lenguaje a que supo acceder.

Para adelante, habrá que acondicionar el trámite parlamentario a sus posibilidades, habrá que pensar que hasta las prácticas institucionales se diseñan sin contemplar a quienes tienen capacidades diferentes.

Ayer el punto era, en cierta medida, otro. Los que estaban ahí honraban el ansia de superación de un tipo normal, avispado, inteligente, laburador, dotado de buen humor, cuya existencia fue alterada brutalmente un día infausto. Se aplaudía, aplaudíamos, su afán de no entregarse, su afición a la vida y el ansia de recuperarse. También su consagración a la política, su oficio y su vocación.

Los seres humanos somos capaces de las conductas más abyectas y las más sublimes. La política, expresión máxima de la sociabilidad humana, replica y multiplica esos abismos y esas cimas. Rivas es un hombre que combate contra la adversidad y le busca la vuelta. También es un militante que se hizo dirigente, un hombre que consagró una fracción importante de sus desvelos a la lucha por los valores, las ideas y los intereses que juzga digno enarbolar. Su retorno al Congreso es un paso adelante en una brega personal, acompañada por su familia, sus amigos y sus compañeros. También alude a un universo colectivo, como el aplauso que se ganó en buena ley.

El aplauso se hace durar porque la emoción lo empuja, porque fluye como las lágrimas. También porque es un recurso para prolongar un momento de comunión que se sabe histórico y porque es el mejor modo plural de hacerle entender a Rivas lo que le debemos todos los que andábamos por ahí.

Este cronista no fue al Congreso a escribir esta nota, cubría otro tema que se trata en otras páginas de esta edición. Fue porque quería sumar sus manos al aplauso colegiado, participar en ese trance que será inolvidable, por buenos motivos. Estas líneas aspiran (dando por hecho que no lo lograrán del todo) a prolongar en otro registro el aplauso.

Fuente: Página 12

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"Vengo a poner orden en el bloque"

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Ahora si me quedo claro ...

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- Estamos mal, Jorge, estamos peor que en los 90'



- Y si, Francisco, en los 90' ibamos en direccion contraria ...
- Realmente me preocupa; si seguimos asi, con quien me saco la fotito despues?

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miércoles, 20 de mayo de 2009

Gente como uno?


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Votame, Votate, Matate

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